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DEL DESIERTO A LA PASCUA

En el Taller Conversatorio de Cuaresma titulado “Del Desierto a la Pascua” se han realizado dos sesiones en las que hemos reflexionado  sobre el sentido profundo de este tiempo litúrgico. En la primera sesión, fray Hugo Badilla, quien es el conferencista, invitó a los participantes a preguntarse cuál es su mayor deseo para la Cuaresma y explicó que este tiempo debe entenderse como un camino espiritual y pedagógico que permite interiorizar la vida y el actuar de Jesús, para unirnos a Él e identificarnos con su misión. También señaló que el número cuarenta, tan presente en la Biblia, representa un tiempo de preparación y plenitud: los cuarenta días del diluvio, los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto y los cuarenta días de ayuno de Moisés, Elías y del mismo Jesús antes de sus encuentros con Dios.

La Cuaresma nos  fue presentada como un verdadero signo de gracia y un camino de conversión. No se trata únicamente de recordar la Pasión de Cristo, sino de participar espiritualmente en su experiencia del desierto y en su victoria sobre la tentación. En este proceso, el ayuno, la oración y la abstinencia no son simples esfuerzos humanos, sino medios que ayudan a recuperar la libertad interior frente a los impulsos que dominan la voluntad. En un mundo marcado por la prisa, la tecnología y la satisfacción inmediata, el desierto cuaresmal se convierte en un espacio de silencio, limpieza interior y paciencia, orientado siempre hacia la luz y la esperanza de la Pascua. En este camino tiene un lugar central la Palabra de Dios, pues la Cuaresma puede entenderse como un relato de amor en el que Dios sale al encuentro de su pueblo (nosotros) para liberarlo del pecado y conducirlo a la libertad Pascual.

En la segunda sesión, fray Hugo explicó cómo la Iglesia ha profundizado en el significado de la Cuaresma a lo largo del siglo XX. A partir del Concilio Vaticano II, este tiempo comenzó a ser entendido menos desde la perspectiva del sufrimiento y más como una oportunidad de renovación espiritual, especialmente mediante la renovación de las promesas bautismales. Posteriormente, con la Constitución Apostólica Paenitemini de Pablo VI en 1966, se establecieron dos días principales de ayuno: Miércoles de Ceniza y Viernes Santo, destacando que la verdadera penitencia consiste en rechazar el pecado y practicar la caridad.

 

El conferencista también  mencionó algunas enseñanzas recientes del Magisterio de la Iglesia: San Juan Pablo II describía la Cuaresma como un tiempo de purificación de la memoria; Benedicto XVI subrayaba su carácter profundamente Cristocéntrico, recordando que el ayuno debe despertar el deseo de la Eucaristía y,  el Papa Francisco invita a vivirla como una liberación de la esclavitud de las cosas, promoviendo la limosna como gesto de fraternidad y reconocimiento del otro como hermano.

De esta manera, el Magisterio contemporáneo resume el sentido de la Cuaresma en tres grandes dimensiones: el bautismo como camino de identidad cristiana, el Cristocentrismo que orienta todo hacia la Pascua de Cristo y la solidaridad, recordando que la conversión personal debe reflejarse también en la transformación de las injusticias sociales.

Finalmente, fray Hugo señaló que la Cuaresma es ante todo un acontecimiento de gracia. La conversión verdadera nace del encuentro con Dios y abarca la inteligencia, el corazón y la voluntad. Para sostener este proceso, la Gracia ofrece dones como la vigilancia ante las tentaciones y la perseverancia en el camino espiritual. El objetivo último es que, al llegar la Pascua, nosotros  podamos  morir con Cristo y resucitar con Él, transformando el egocentrismo en una vida centrada en Cristo. En este contexto se comprende también la justificación, es decir, el perdón de los pecados que Cristo nos concede mediante su obra redentora, a continuación citamos textualmente lo dicho por el expositor:

“La justificación tiene un carácter dinámico que se refleja perfectamente en las seis semanas de Cuaresma:

El inicio (Fe): La justificación comienza por la fe en la Palabra (lo que escuchamos en las lecturas dominicales). El temor y la esperanza: Al reconocer nuestra finitud (miércoles de ceniza), pasamos del temor al juicio a la esperanza en la misericordia. La Caridad derramada: El proceso culmina en la caridad, que es la forma de la justificación. Un cristiano “justificado” es aquel que, al final de la Cuaresma, ama más y mejor”. 1

No te pierdas las dos últimas sesiones que se llevarán a cabo los lunes 16 y 23 de marzo a las 6:30 PM, en los cuales terminaremos nuestro peregrinar por el desierto para juntos vivir una Pascua de Resurrección como no la has vivido antes.

Colaboración: Mari Carmen Benítez Rincón. Ministerio de Comunicación.

1) De la presentación de fray Hugo Badilla del 9 de marzo de 2026.

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