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SÁBADO SANTO 2026

En el tercer y último día del Triduo Pascual, la comunidad  de Santa Mónica vivió una jornada profundamente espiritual que comenzó por la mañana con el rezo de Laudes, esa oración antigua que, como un susurro de luz, consagra las primeras horas del día a la alabanza divina. En ese mismo espíritu de recogimiento se realizó también el Vía Matris, un camino de contemplación que invita a recorrer, junto a la Virgen María, los momentos de mayor dolor en su vida.

Este ejercicio no es solo memoria, sino comunión: al meditar sus siete dolores, los fieles buscan unirse a su sufrimiento con un corazón abierto, descubriendo en ella consuelo, fortaleza y esperanza.

María aparece así como modelo de fe inquebrantable, como la primera discípula que, aun en la oscuridad, supo confiar plenamente en Dios. Su vida enseña a abrazar la cruz cotidiana con serenidad y a perseverar con amor, convirtiéndose en guía silenciosa para quienes desean seguir a Cristo con fidelidad.

Al caer la noche, la comunidad se reunió nuevamente en el templo para participar en la Vigilia Pascual, que es la celebración más solemne y significativa de toda la vida cristiana. El ambiente estaba cargado de expectación: el templo permanecía en penumbra, apenas iluminado por algunas luces tenues, mientras en el exterior ardía el fuego que daría inicio al rito central. Este contraste entre oscuridad y luz simboliza la espera del mundo antes de la resurrección, un tiempo suspendido entre el dolor de la cruz y la esperanza de la vida nueva.

La celebración inició con el rito del Fuego Nuevo, donde fray Hugo Badilla el celebrante, bendijo la fogata y encendió de ella el cirio pascual, signo vivo de Cristo resucitado, luz que disipa toda tiniebla. A partir de esa llama, la luz comenzó a propagarse entre los fieles, pasando de mano en mano, de vela en vela, hasta llenar el templo entero. Este gesto sencillo y poderoso refleja cómo la fe se transmite y se comparte, iluminando la vida de la comunidad. En medio de ese resplandor creciente, se proclamó el Pregón Pascual, un canto antiguo que exalta la victoria de Cristo y anuncia el cumplimiento de las promesas de salvación.

El segundo momento central fue la Liturgia de la Palabra, un recorrido por la historia de la salvación. Las lecturas del Antiguo Testamento recordaron la creación del mundo, la fe obediente de Abraham y la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. Estos pasajes no solo evocan hechos pasados, sino que preparan el corazón para comprender la obra definitiva de Dios en Cristo. Las palabras de los profetas reforzaron esta esperanza, anunciando un tiempo de renovación y vida nueva. La comunidad, participativa y fervorosa, respondió con salmos y cantos, hasta que, en un momento de especial intensidad, el templo se llenó de luz y alegría al entonar el Gloria, acompañado por el sonido de las campanas, signo jubiloso de la resurrección. ¡ La felicidad por la Resurrección del Señor invadió al templo entero, lo cual podía palparse!

La proclamación del Evangelio relató el acontecimiento central de la fe cristiana: la Resurrección del Señor. En su homilía, fray Hugo Badilla explicó el sentido profundo de la Pascua como “paso”: paso de la creación, de la esclavitud a la libertad y, finalmente, del pecado a la gracia. Nos dijo que, así como Cristo murió y resucitó, también los creyentes estamos llamados a una transformación interior, a dejar atrás el hombre viejo y renacer a una vida nueva. El amor ha triunfado! Su Ascensión fue su gloria! La Luz de Cristo ha iluminado a nuestra comunidad que ha descubierto el camino que Dios nos ha marcado.

Jesús se nos ha revelado y nuestra misión es anunciar que Cristo ha resucitado y que en medio de nuestra fragilidad, camina a nuestro lado, que quitemos esa roca de nuestro sepulcro, dijo el celebrante, que impide el paso del Señor a nuestro corazón. Jesús nos dice: no tengas miedo. Este mensaje reafirma que Dios no nos abandona, sino que nos acompaña constantemente, ofreciéndonos su amor, su perdón y la promesa de la vida eterna. ¡Cristo ha resucitado y nos ha ganado el cielo!

El tercer momento fue la Liturgia Bautismal, en la que todos los presentes renovamos nuestras promesas bautismales, reafirmando nuestra fe y nuestro compromiso de rechazar el mal. La aspersión con agua bendita evocó el propio bautismo de cada fiel, recordando que la vida cristiana es un camino continuo de renovación.

Finalmente, la celebración culminó con la Eucaristía, donde la comunidad participó activamente al recibir la Sagrada Comunión, sellando así esta noche santa. Con el corazón lleno de gozo, se proclamó el inicio de la Pascua de la Resurrección. 

La luz que venció a la oscuridad no solo iluminó el templo, sino que se encendió en el interior de cada uno de nosotros  invitándonos a caminar con esperanza hacia el encuentro con Dios. Así, entre cantos y alegría, la comunidad celebró el triunfo de la vida sobre la muerte, proclamando con fe: ¡Felices Pascuas de Resurrección!

Colaboración: Mari Carmen Benítez Rincón. Ministerio de Comunicación.

Fotografía: Aurora Jiménez, Mercedes Vidrio, Rosario de la Torre y Mari Carmen Benítez.

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