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CELEBRAMOS LA VIDA DE FRAY RICARDO JARAUTA

Ayer nos despedimos de una vida cuya larga madurez se vistió de serenidad y esperanza, aunque su partida a la Casa del Padre nos deja nostalgia, su historia permanece viva en cada uno de nosotros. Noventa y siete años se dice fácil, sin embargo, conllevan una serie de vivencias, experiencias, ejemplos en donde su confianza en Dios primaba y eso se notaba en su actuar.

Seguramente lo conociste, ya que hace más de 18 años regresó por tercera ocasión a nuestro  templo, él era el sacerdote ya mayor que confesó hasta el lunes pasado en todas las misas, su entrega al Señor era palpable, por ello continuaba con su labor pastoral en el confesionario   y guardaba un especial cariño a Jesús, María y José; hasta antes de la pandemia se le veía tomar el auto e ir a practicar natación a las 6:00 de la mañana, para regresar a casa una hora después y junto con sus hermanos frailes, orar los oficios que marca su orden religiosa.

Fray Ricardo Jarauta Carceller nació en Monteagudo (Navarra, España) el 5 de febrero de 1929, era un niño como todos, iba a la escuela, le gustaba correr, jugar y fue criado en el seno de una familia católica practicante, rezaban el rosario e iban a misa todos los días, dicho en sus propias palabras: el Señor formaba parte de nuestras vidas (entrevista del 23 de noviembre de 2023) 1.  A los 12 años entró al seminario en Lodosa, al terminar los estudios de bachiller, fue a su natal Monteagudo al seminario que ahí tiene la orden religiosa, a estudiar Filosofía y posteriormente fue a Marcilla (Navarra, España) a estudiar Teología, hizo su profesión simple en Monteagudo el 29 de septiembre de 1945 y la profesión perpetua, en Marcilla el 9 de abril de 1950, tenía 21 años;  dos años después, el 13 de julio de 1952, recibió la ordenación sacerdotal de manos de fray Francisco Javier Ochoa, OAR.

Un año después de su ordenación sacerdotal le enviaron a México y llegó a San Lorenzo, todavía no había sido construido el templo de Santa Mónica, posteriormente le enviaron a Querétaro y más tarde, a San Felipe del Progreso; en esa zona se dedicó a evangelizar especialmente a los mazahuas, que son los indigenas de esa región, lo cual fue, dicho en sus propias palabras: “una experiencia muy bonita, teníamos  un traductor quien traducía la catequesis y la homilía a su lengua; no eran un grupo hereje, era gente católica, sin embargo necesitaba ser catequizada y que sintiera que se le tomaba en cuenta como hija de Dios. Yo iba de pueblo en pueblo,  a hablarles a sus habitantes acerca del amor de Dios, me quedaba tres o cuatro días en cada sitio, me transportaba en caballo, la mayor parte del tiempo y también utilizaba jeep, todo dependía de la zona a la que iría a evangelizar. Posteriormente,  me  enviaron a Aculco que es una población de origen otomí y ahí estuve tres años; también fue una linda acción, teníamos un traductor para el otomí y con su apoyo, pudimos evangelizar a los indígenas de esa región en su propio idioma. También estuve una temporada en Santa Maria de los Hospitales”. 2

Fray Ricardo estuvo supervisando la construcción del templo de Santa Mónica, con alegría recordó que la feligresía había respondido con generosidad para aportar los dineros necesarios para la construcción de aquél, organizaban kermeses, pedían permiso para cerrar la calle de Fresas y todo se volvía fiesta, se organizaban comidas, había mucha convivencia de comunidad. Al terminar la iglesia, construyeron las criptas, los salones y la casa que ahora habitan nuestros frailes. A él le pidieron colocar la primera de las baldosas de mármol del templo.

Su labor pastoral preferida en la ciudad fue ayudar a los pobres y les llevaba el anuncio del evangelio, también le gustaba trabajar con los jóvenes. A fin de que la gente se acerque más a Dios, decía, es necesario acercarnos a Él por medio de la oración y los sacramentos, no dejarse llevar por ideologías o por las teorías de los herejes o los paganos. Al reavivarse la obra de la Juventud Agustino Recoleta, declaró abiertamente: me siento esperanzado y a ellos les digo que se preparen y perseveren en la fe.

¿Y qué decir de su personalidad? Era un hombre de trato agradable, simpático, su rostro amable infundía confianza, irradiaba paz y tranquilidad; le gustaba contar anécdotas sobre diversos temas,  hacía gala de su memoria recitando párrafos de autores  españoles y hasta contaba chistes sanos sobre escritores con una chispa y gracia que a todos nos hacía reír. En temporada de frío era memorable verle con una hermosa capa de lana roja y negra, la cual realzaba su buen porte y nos contaba que la había comprado en España y al regreso a México, como ya no cabía en el equipaje, se le llevó puesta, ¡no obstante que era verano!

Ese era fray Ricardo, hombre que fielmente fue sembrando el amor a Dios durante su vida y que ahora ha partido al encuentro definitivo con el Amor que nunca termina. ¡Fray Ricardo, intercede por nosotros!

Colaboración: Mari Carmen Benítez Rincón. Ministerio de Comunicación

1 y 2) Conoce a Tus Frailes: Fray Ricardo Jarauta Carceller. santamonicaoar.mx  29/11/2023

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