MUSEO VIVO DEL MURALISMO Y LA ENSEÑANZA

El Centro Histórico de la Ciudad de México atesora verdaderas joyas de la arquitectura colonial, como ya te hemos comentado en otras reseñas respecto a las visitas que organiza el Ministerio de Cultura de Santa Mónica. Esta ocasión visitamos  el Museo Vivo del Muralismo  que resguarda mucho más que paredes pintadas: conserva la memoria de un país que aprendió a narrarse a sí mismo con colores, símbolos y escenas populares. El edificio que hoy ocupa la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha tenido muchas vidas. Primero fue parte del antiguo Calmécac mexica; más tarde albergó el Convento de la Encarnación, considerado el tercer convento femenino de la Nueva España. Después funcionó como Escuela Normal para Señoritas, hasta que un sismo en 1911 derribó parte de la construcción y abrió paso a la transformación del inmueble, sede de la SEP.

 

 Rivera comenzó a pintar estos murales en 1922 y concluyó en 1928. En ellos puede verse el México previo a la Revolución: campesinos, obreros, artesanos, mercados, fiestas populares y escenas rurales llenas de movimiento. El muralista retrató con enorme detalle la vestimenta, los alimentos y las costumbres mexicanas, dejando un verdadero retrato social de la época. Hay escenas dedicadas a la zafra y a la elaboración del pinole, así como representaciones de oficios tradicionales donde conviven el campesino, el obrero y el artesano como protagonistas de la vida nacional.

Uno de los espacios más impactantes es el dedicado a la mina, donde la entrada y salida de los trabajadores evocan un viacrucis colectivo: el sufrimiento silencioso del pueblo convertido en arte monumental. En otro mural aparece el poema “Puñales”, de Carlos Gutiérrez Cruz, acompañado de imágenes relacionadas con los metales y el trabajo duro de los mineros.

El museo también permite descubrir a otros artistas fundamentales del muralismo, como Jean Charlot y Amado de la Cueva. Destaca además la presencia de Mardonio Magaña, a quien Rivera impulsó para continuar desarrollando su talento escultórico.

Entre las imágenes más llamativas aparecen personajes históricos como Emiliano Zapata, Felipe Carrillo Puerto, Otilio Montaño y Cuauhtémoc, representados con rasgos cercanos a los santos populares, mezclando historia, espiritualidad y memoria colectiva.

El recorrido no se queda solo en lo visual. Algunas salas ofrecen experiencias sensoriales donde el visitante puede identificar aromas como copal, lavanda y mezclas de flores y hierbas, creando una conexión más íntima con las tradiciones mexicanas. También sobresale la poderosa imagen del hombre pintada por Luis Nishizawa, que aporta otra mirada al vasto universo artístico del recinto.

A solo dos calles de ahí se encuentra el templo  Nuestra Señora del Pilar o de La Enseñanza, que se empezó a construir a fines del siglo XVII, principios del XVIII con un estilo ultra barroco (cualidad de las iglesias mexicanas de esos siglos, por excelencia), cuya arquitectura y atmósfera barroca dialogan silenciosamente con el espíritu artístico y religioso que también aparece en muchos de los murales del recinto. Esa cercanía parece natural: en las obras de Diego Rivera la religión aparece constantemente, no desde el lujo de los altares, sino desde la fe cotidiana del pueblo,

La hoy parroquia de Nuestra Señora del Pilar, antes fue capilla de un convento de enseñanza (de ahí el nombre de La Enseñanza) para mujeres concluida en 1778, es una joya del barroco novohispano que aún conserva el eco de los siglos. Al cruzar sus puertas, el visitante se encuentra con uno de los más extraordinarios retablos realizados por el arquitecto y artista Francisco Guerrero y Torres, un verdadero bosque dorado que parece elevar la mirada hacia el cielo. A ello se suman las impresionantes pinturas de Andrés López, entre las que destacan la Asunción de María, la Virgen del Apocalipsis y el gran fresco de la bóveda dedicado a la Virgen del Pilar, donde se representa la aparición de María al Apóstol Santiago.

Durante el siglo XX, este templo tuvo además un profundo significado para la comunidad española exiliada que llegó a México huyendo de la Guerra Civil. Cada 12 de octubre, muchos acudían aquí para reencontrarse con sus raíces y elevar sus plegarias bajo la mirada de la Virgen del Pilar. El conjunto religioso funcionó hasta las Leyes de Reforma del siglo XIX, cuando numerosas propiedades eclesiásticas fueron confiscadas y destinadas a otros usos. Así, la antigua escuela pasó a convertirse en oficinas de la Secretaría de Educación Pública y el convento en sede del Colegio Nacional. La capilla, sin embargo, logró mantenerse casi intacta, protegida por el inmenso valor artístico de sus retablos, pinturas y arquitectura, que todavía hoy continúan asombrando a turistas nacionales y extranjeros.

Visitar el Museo Vivo del Muralismo y la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar es recorrer la memoria viva de México, entre murales, retablos y arquitectura que conservan la voz, la fe y el arte de un pueblo cuyo corazón sigue latiendo a través de su historia.

Colaboración: Mari Carmen Benítez Rincón. Ministerio de Comunicación.

Fotografía: Norma Canales y Mari Carmen Benítez.

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