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LA ESPERANZA QUE FLORECE

Dio comienzo el ciclo de charlas/conferencias La Esperanza que Florece, Un Camino Cristiano hacia el Futuro,  como una manera de sensibilizar y preparar a nuestra Comunidad de Santa Mónica  hacia la Semana Santa que estamos por vivir.

Con su estilo ágil, dinámico y que invita a la participación, fray Hugo Badilla fue preparándonos sobre el significado de La Esperanza, que, para términos de nosotros los católicos no es sólo que tengamos una actitud optimista en cuanto a lograr algún objetivo, eso resulta muy superficial; nuestra esperanza debe ser el deseo de ver a Dios, experimentar nuestra Fe, tener la certeza de que le veremos a Él.

A continuación nos condujo hacia la visión agustiniana sobre La Esperanza, nos dijo que la antropología de San Agustín concibe al ser humano como un peregrino en tensión constante entre la fragilidad del presente y la plenitud eterna, sostenido por una esperanza viva y dinámica que no se reduce a optimismo humano, sino que se funda en la gracia divina y en la certeza de la resurrección; esta esperanza alimenta el caminar, transforma el deseo orientándolo de los bienes pasajeros hacia el Bien Supremo que es Dios, exige paciencia y combate ante las pruebas del tiempo y se vive siempre en comunión y caridad, como Cuerpo de Cristo, avanzando juntos hacia la Ciudad de Dios.

También nos comentó que la esperanza bíblica en el Antiguo testamento nace de la fidelidad de Dios y no de la fuerza humana; en Cristo deja de ser la espera de algo incierto para convertirse en la certeza gozosa de Alguien, confirmada por la resurrección, que anticipa la victoria definitiva sobre el mal, el pecado y la muerte.

En la segunda sesión, haciendo un comparativo entre la construcción de una casa y la de La Esperanza en nuestras vidas, nos recordó que ya tenemos los cimientos, el suelo y los muros, nos falta el techo, las ventanas y la puerta principal, y nos condujo a construir  esas ventanas.

Sabemos ya que vivir en La Esperanza implica una realidad para nuestra vida, no es simplemente vivir por vivir, si hacemos a Jesús el centro de nuestra vida,  todo lo que hagamos será inspirado por esa esperanza. Hablamos sobre el capítulo  La esperanza personal y Transformación interior. La Reorientación Interior donde aprendimos que la esperanza fundada en Jesucristo transforma el presente, arraiga la vida en lo eterno y engendra una paz teologal que sostiene al alma en la adversidad; de ella nace la fortaleza que, a través de la tribulación y la perseverancia, conduce a una esperanza madura llena de sentido y dirección.

Hablamos también sobre la Fe y la Gracia. La fe es el cimiento de la esperanza y la gracia el don gratuito que la despierta y la sostiene; por ello, nuestra esperanza se apoya en la fidelidad de Dios y nos impulsa a vivir desde ahora de un modo que refleje su carácter y nos conduzca a la pureza.

En cuanto a los momentos difíciles en el capítulo titulado Esperanza en medio del Sufrimiento y la Prueba: Un Ancla en la Tormenta vimos que: la esperanza cristiana no elimina el sufrimiento, pero sostiene al creyente en medio de él, a la luz de la cruz y la resurrección de Cristo, donde el dolor es asumido y transformado en sentido redentor; así, el sufrimiento no tiene la última palabra y la esperanza se convierte en un ancla firme que mantiene el alma en pie aun en las tormentas más intensas.

Por último, la charla derivó al capítulo Esperanza para el Mundo y la Justicia: El Reino de Dios como Horizonte, en el cual nuestro fraile nos comunicó que la esperanza cristiana, de carácter profético y activo, impulsa a transformar el mundo según los valores del Reino de Dios mediante la justicia, la solidaridad y la defensa de la dignidad humana; al mismo tiempo, orienta la vida hacia la esperanza última de la vida eterna, que da sentido al presente y conduce a vivir con fe, caridad y una santa urgencia que cada día nos acerca al Hogar Eterno, citando a San Agustín: La vida eterna con Dios, es la plenitud de la esperanza, es la consumación de todo deseo, el encuentro definitivo con el Summum Bonum (Sumo Bien).

Vivir bajo un estilo de vida hacia fuera, manifestar nuestro estilo de vida hacia afuera, se trata de crecer interiormente y de compartir ese crecimiento  con los que nos rodean en nuestra vida diaria;  llevemos a la práctica lo que aquí hemos aprendido, fueron las palabras de fray Hugo Badilla como punto final a esta sesión.

¡No olvides que todavía hay dos conferencias restantes los lunes 16 y 23 de febrero, te esperamos!

Colaboración: Mari Carmen Benítez Rincón. Ministerio de Comunicación.

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